En una época obsesionada con el subtexto, la solemnidad y el mensaje, Primate, una película de un mono rabioso, recuerda que el cine también puede ser acción, gore y diversión sin buscar pasar por compleja.
La película arranca con lo justo y necesario. Una minita vuelve a visitar su lugar natal, donde vive su padre. Va con una amiga muy cercana, con la que se criaron juntas, y esta amiga mete medio de prepo a otra mina, medio insoportable, a la que en realidad no se banca mucho. Al llegar, aparece el hermano de esa amiga, que es como “un hermano” para la protagonista, aunque en el fondo medio se lo quiere garchar.
El padre es sordomudo, millonario, escritor y extremadamente dedicado a su trabajo. Viven en una mansión en la bahía de Hawái, con piscina incluida, y tienen un mono como mascota. La madre murió de cáncer y era quien investigaba el relacionamiento entre monos y humanos. Todo esto se establece rápido, sin énfasis ni subrayados.
A poco de llegar a la mansión nos enteramos de que al mono lo mordió una mangosta. Empieza a actuar raro y ahí comienza la verdadera acción de la película, lo que realmente importa, que es ver a un mono loco contra un montón de adolescentes estúpidos.
Acá está una de las decisiones más inteligentes de Primate. No se concentra demasiado en presentar a los personajes ni en desarrollar sus historias pasadas. No son relevantes. Alcanza con saber lo que la película nos cuenta. ¿Qué más precisamos? ¿Saber la historia de los personajes bobos? ¿Saber del relacionamiento que tenían con el mono cuando eran chicos? No solo no importa, sino que es contraproducente para la historia. Inteligentemente, los cineastas consideran irrelevante explicarnos algo de eso, y es una excelente decisión.
En lugar de perder tiempo, nos dan acción pura, con personajes estereotípicos que no importan demasiado, un mono comportándose como un psicópata, y buen gore: espaciado, gráfico, impactante y necesario. Todo acompañado por buenos movimientos de cámara, que sabe cuándo estar lejos para construir suspenso claustrofóbico, cuándo acercarse al primer plano del mono mostrando los dientes y cuándo cerrar en escenas gore inesperadas, lo suficientemente gráficas para entretener, pero también lo suficientemente realistas como para impactar. Todo eso, además, acompañado por una gran banda sonora.
Si pensamos en películas gore recientes, Primate se aleja mucho de Terrifier, una película en la que entendemos que todo es inverosímil y cuyo principal objetivo es hacernos reír esperando únicamente escenas repulsivas llevadas al extremo. Tampoco se parece a la muy mala (y reciente) El mono de Osgood Perkins, que terminó siendo una especie de Destino Final para niños, sin nada gráfico, y aburrida.
Lo que propone Primate se siente más cercano a una película de los años 90, donde lo que importa es estar frente a un mono loco y psicópata asesinando gente de las peores y más gráficas formas, sin importar quiénes son ni sus historias personales. Y aun así, sin saber casi nada de ellos, se puede conectar con la historia. Es cierto que es imposible que alguno de nosotros termine vacacionando en la mansión de un millonario con un mono como mascota bajo excusas de investigación científica, pero sí podemos empatizar con la posibilidad de que una mascota enloquezca, recordando libros de Stephen King como Cujo o, peor aún, la tristísima y terrible canción El Malevo, de Osiris Rodríguez Castillos, donde un animal fuera de control encarna un miedo primario, directo y sin explicaciones.
¿Hay clichés? Obviamente. Es un mono asesino, ¿qué se puede esperar? ¿Que baje línea sobre ecología, sobre el origen de la rabia o que se centre en traumas a ser superados? Hay películas buenas y malas para eso. Gracias a la inteligencia de sus guionistas y su director, Primate se da cuenta de que no es su caso.
Se agradece que, siendo una película de un mono asesino, no intente crear una alegoría sobre la ecología, la salud mental o alguna cosa seria con una reverenda boludez que no es más que algo para divertirse. Primate es consciente de lo que tiene para dar y no necesita desarrollar más nada.
Las muertes y el gore van claramente en ascenso, y quizás ese sea el mejor desarrollo de la historia, porque se vuelven más violentas a medida que el mono se convierte en más psicópata. No vale la pena spoilear ninguna. Sí, hay clichés y personajes demasiado estúpidos, pero es tan divertida que nada de eso importa.
Juan Pablo Aguirre
